Te llamé, te tomé de la mano
Lectura del libro de Isaías (Is 42, 1-4. 6-7)
Esto dice el Señor:
"Miren a mi siervo, a quien sostengo,
a mi elegido, en quien tengo mis complacencias.
En él he puesto mi espíritu
para que haga brillar la justicia sobre las naciones.
No gritará, no clamará, no hará oír su voz por las calles;
no romperá la caña resquebrajada,
ni apagará la mecha que aún humea.
Promoverá con firmeza la justicia,
no titubeará ni se doblegará
hasta haber establecido el derecho sobre la tierra
y hasta que las islas escuchen su enseñanza.
Yo, el Señor,
fiel a mi designio de salvación,
te llamé, te tomé de la mano, te he formado
y te he constituido alianza de un pueblo,
luz de las naciones,
para que abras los ojos de los ciegos,
saques a los cautivos de la prisión
y de la mazmorra a los que habitan en tinieblas".
Palabra de Dios
Te alabamos Señor

Jesús te llama, te toma de la mano para que seas luz
Hoy, el profeta Isaías nos relata un suceso que se retoma en el evangelio de San Marcos, y son las palabras de San Juan Bautista: "Ya viene detrás de mí uno que es más poderoso que yo, uno ante quien no merezco ni siquiera inclinarme para desatarle la correa de sus sandalias". A partir de estas palabras, se nos hace la invitación a reconocer a Jesús como nuestro Salvador, Rey de Reyes y Señor de señores, una invitación a adorarle y contemplarle. Implica reconocernos como pecadores y, con humildad, buscar su amor, misericordia y perdón.
Hoy el Señor nos llama a cada uno de nosotros, llamándonos a ser personas que lleven luz, su mensaje de salvación y amor a los necesitados. Nos invita a tener un corazón y una vida en caridad y humildad. No debemos tener miedo, ya que cada uno de nosotros ha sido llamado desde nuestra vida diaria, desde nuestro quehacer cotidiano, a ser mensajeros de Dios. No tengamos miedo de buscarlo y ser portadores de amor y misericordia. Simplemente creer en su voluntad, ya que Él nos toma de la mano y nos guía por senderos que a veces nos causan temor, transformando nuestra angustia en tranquilidad y seguridad.
Confiemos en que el Señor nos llama, pero al igual que nos llama en nuestra vocación y no es necesariamente el sacerdocio o la vida religiosa, también a los doctores, profesores, abogados, también nos guía de la mano para lograrlo. Pidámosle hoy al Señor la gracia de confiar en Él, de acercarnos con humildad y contemplarle, y de no abandonar nuestra oración, ya que una vocación sin oración es como un celular sin señal.
Compromiso
Hoy nos invitan a analizar nuestra vocación, a confiar en su llamado y tomarle de la mano y seguirlo. Vamos a buscar una iglesia, un momento de oración diaria y vamos a decirle, Señor, ¿para quién soy yo?
